La derrota no es el final

rafael-nadal-roland-garros-2014Este tipo me cae genial. Me refiero a Rafael Nadal.

Desayunaba hace un rato, además de con una deliciosa tostada con aceite virgen de la zona y un exquisito café, con la noticia de su derrota ayer en el torneo de Roland Garros. Éste que ha ganado en 9 ocasiones. Y leyendo su entrevista pospartido en la prensa, me llamaba poderosamente la atención una de sus reflexiones sobre el resto: “Ya perdí en 2009 y no fue el final, y este año tampoco lo será”

Así de sencillo, así de necesario. Igual que en la victoria tener los pies en el suelo es fundamental, pues el éxito es efímero, por muy poderosas que sean las emociones que se experimentan, en la derrota también. Y tiene toda la razón cuando dice lo que dice, pues esto como todo lo demás pasará. Es el reflejo del equilibrio mental, y las convicciones tan saludables que le hacen ser tan natural y grande a la vez.

Y si bien aún resuenan las palabras de un reciente entrenador, ayer mismo, que se estrenaba en el equipo de la capital, diciendo que solo vale ser primero, el segundo no cuenta, y que me parece una auténtica estupidez, pues significa que el esfuerzo y talento del 99% de los seres humanos no vale para nada, ya que son pocos los que llegan a ser números 1 en sus ámbitos. Por desgracia es una creencia muy extendida y que el genial psicólogo Albert Ellis definió como una de las creencias irracionales: el valor de la persona radica en ser capaz de hacerlo todo bien o muy bien. O ideal del perfeccionismo Y que está en la base de tantísima frustración y dolor en nuestra cultura. Pues si algo tenemos los seres humanos son imperfecciones.

El propio Nadal, tantas veces en el número 1 de su profesión resumía con un simple pero inapelable: “No se puede ganar siempre” Y como verdad verdadera que es, asumirla. Pues lejos de hacernos indiferentes o prestar menos atención a la excelencia, nos hace más tolerantes a la frustración y más satisfechos con el camino andado, y esto es una muestra de inteligencia emocional y liderazgo que alcanza su mayor expresión en la dificultad. Que de eso se trata, que valga la pena, aunque no seamos el número 1.